jueves, 23 de noviembre de 2017

QUIEN FRACASA CUANDO HAY FRACASO ESCOLAR?
El fracaso escolar existe. Sabemos qué variables están asociadas a él.
También sabemos quienes son los que fracasan. Lo que no sabemos y no
podemos aceptar es que el fracaso escolar es inevitable.
El fracaso escolar es un producto resultante de la propia institucionalización de
la educación En el sistema escolar es normal fracasar y la educación lo que
tiene que hacer es evitar que las persones fracasen. Pero dejadas las cosas a
su curso, el fracaso escolar es un producto lógico e inevitable del mismo
sistema.
De ahí que al hablar de las causas del fracaso escolar y, más tarde, pasar al
terreno propositivo para abordar las vías de mejora, se comience por
decodificar i deconstruir el aparato escolar, que es el que lo produce. De poco
sirve detectar, analizar y calibrar las variables asociadas al fracaso escolar, si
después no aborda la intervención para eliminarlo.
Por eso mi intención será centrarme en esta deconstrucción del sistema
escolar porque es la única forma de encontrar causas más profundas que las
que aluden a las variables de tipo personal, familiar, de contexto inmediato, etc.
Empezaré deconstruyendo los términos y expresiones más habituales en este
territorio.
El fracaso escolar se contrapone al éxito escolar. Parece una verdad de
Perogrullo, pero éxito y fracaso son conceptos que aluden a realidades
bastante asimétricas. Aunque a primera vista parecen contrapuestas en una
especie de simetría conceptual.
El fracaso escolar es el fracaso académico. Se presenta como una especie de
derrota del sujeto en las instituciones escolares, cuando en realidad es un
fracaso académico. Un fracaso académico con graves consecuencias. En la
medida en que hemos reducido el derecho a la educación al derecho a la
escolaridad, al fracasar en la escolaridad se fracasa en la realización del
derecho a la educación. Al no cumplir los requisitos que plantea la concreta
concepción actual de la escolaridad, algunos individuos fracasan i les queda
cercenado el derecho a la educación.
Como, para mi, el derecho a la educación es un valor prioritario y ese bien es
superior a las dificultades que en la escuela puede encontrar el estudiante,
resulta que hay que desbordar el concepto de fracaso escolar o las
instituciones que lo producen y que niegan el derecho a la educación.
Especialmente en el ámbito de la educación obligatoria que es el territorio al
cual me refiero en el discurso que estoy utilizando. En este ámbito, el fracaso
escolar es la negación al alumno a poder seguir beneficiándose del derecho a
la educación.
El éxito escolar tampoco es el éxito educativo. Lo que pasa es que el hecho de
resolver las exigencias del sistema escolar produce la sensación del éxito
educativo. Quien crea que los “productos” que salen de nuestra institución
escolar son los mejores, comete un error o le falta la visión transformadora que
supone la educación.
Planteado el problema en estos términos, el concepto de calidad como criterio
de excelencia tiene traducciones muy distintas. Porque la calidad como
equivalente a “no fracaso” es diferente al concepto de cualidad valorable
positivamente de la educación. Los buenos estudiantes no necesariamente
representan los que han acumulado la buena educación.
Mientras que los malos estudiantes sí que representan la no educación porque
el fracaso escolar les supone no poder beneficiarse de la continuación de la
escolarización o estar escolarizados en malas condiciones.
Seria interesante que nos atreviésemos a pensar que el orden escolar vigente
no es el único posible. Y que, tener éxito en ese orden, no es necesariamente
el éxito al que podríamos aspirar.
Desde este enfoque, hablar de las causas del fracaso escolar supone abordar
las causas estructurales que lo producen, más allá de los análisis
correlacionales de las variables de carácter psicopedagógico que normalmente
se usan en los estudios de este problema. Modificar las circunstancias y los
parámetros escolares seria la forma de combatir el fracaso.
Más allá de terapias y de medidas de asistencia de índole psicopedagógica,
abordar políticamente el problema del fracaso escolar lleva a la transformación
de la escuela. Porque, en definitiva, el fracaso sería la manifestación de la
incapacidad que la escuela tiene para acoger a los sujetos, que tienen infinidad
de diferencias y desigualdades entre ellos.
La diversidad entre los que asisten a la escuela confrontada a los parámetros
homogéneos con los cuales funciona es lo que produce la dispersión de
rendimientos, la desigualdad de rendimientos. Y la desigualdad de
rendimientos la concebimos como fracaso escolar.
Este fenómeno del fracaso escolar viene del hecho histórico y progresista de
haber universalizado la escolarización. Porque cuanto más se universaliza,
mas individuos y más variabilidades se incorporan a ella, más productos
atípicos produce. Ya que se trata de una institución que no ha sido configurada
históricamente y que no funciona para acoger esa diversidad.
El fracaso escolar es un desajuste entre las expectativas y las posibilidades
reales que la institución ofrece. Un desajuste entre la variabilidad de los sujetos
y la capacidad de la institución para acoger esa diversidad.
De ahí que no quepa alarmarse cuando en la ESO se produzca un alto nivel de
no-éxito y de dificultades escolares, porque es la estricta consecuencia de
haber acogido agentes para los cuales el sistema no estaba previsto en cuanto
al tipo de cultura, exigencia, ritmo de aprendizaje, etc.
El juicio que el abordaje del fracaso escolar nos lleva a hacer sobre el sistema
educativo es el juicio a un planteamiento que históricamente surgió para
realizar un sentido elitista o selectivo de la educación y que posteriormente fue
elevado a la categoría de modelo universal.
Ello nos lleva al dilema entre la exclusión o la transformación del sistema. Y en
cualquier caso, aunque transformemos el sistema, siempre quedaran residuos
de desajuste entre las diversidades de los sujetos y los parámetros con los que
funciona la escuela.
Por esa razón en la actualidad ya se contemplan y proponen una serie de
medidas correctoras que afectan al currículum, a la metodología, a la
organización del centro y del mismo sistema escolar para

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